Bill Gates admite que la IA puede cargarse el marco capitalista actual
El 3 de julio, Bill Gates volvió a poner sobre la mesa lo que el capitalismo intenta vender como progreso mientras esconde el verdadero problema: quién se queda con los beneficios cuando las máquinas hagan el trabajo de millones. En una conversación con el empresario indio Nikhil Kamath, en el pódcast People by WTF, el cofundador de Microsoft lanzó una frase bastante clara: "Dentro de 20 años, la IA habrá cambiado las cosas lo suficiente como para que este marco de trabajo puramente capitalista probablemente ya no sirva". Vaya. Resulta que hasta uno de los grandes nombres del sistema empieza a reconocer que el juguete tecnológico se les puede ir de las manos.
Gates sostiene que la IA generativa, combinada con la robótica, podrá cubrir carencias históricas de personal en sectores como la sanidad, la educación, las fábricas o determinados trabajos físicos. Lo dijo así: "Siempre hemos tenido escasez: escasez de médicos, de profesores, de personas para trabajar en fábricas. Esas carencias dejarán de existir. Será un cambio bastante profundo, que liberará mucho tiempo". También ha llegado a afirmar que, dentro de 10 años, la mayoría de las tareas humanas podrán ser realizadas por inteligencia artificial, y que robots e IA deberían pagar impuestos en 5 años porque habrá que cambiar la estructura tributaria. Traducción menos amable: si la riqueza la producen máquinas, seguir obligando a la gente a vivir encadenada al empleo mientras cuatro fondos se reparten el botín sería una obscenidad política.
La parte bonita del discurso dice que podremos jubilarnos antes, trabajar semanas más cortas y repensar “filosóficamente” el uso del tiempo porque habremos creado, según Gates, “inteligencia gratuita”. La parte fea es la de siempre: en países como España se habla de retrasar jubilaciones, estirar carreras laborales y apretar las pensiones mientras se promete que la tecnología nos liberará algún día. Claro. El problema nunca fue que faltara productividad. El problema es quién manda sobre ella. Porque si la IA sirve para reducir jornadas, adelantar jubilaciones y liberar tiempo, perfecto. Si sirve para despedir trabajadoras y trabajadores, concentrar poder y convertir la vida en una suscripción permanente al beneficio privado, entonces no estamos ante el futuro: estamos ante el capitalismo encontrando una forma más rápida de robarnos la vida.