El informe anual de Stanford es bastante rotundo: la brecha de IA entre EEUU y China está “prácticamente cerrada”. El mejor modelo mundial sigue siendo el de Anthropic, pero con solo un 2,7% de ventaja sobre el chino más competitivo. La paradoja es que EEUU invirtió 286.000 millones en IA privada el año pasado, y China 12.400 millones. Sin embargo ahí están. Los vetos tecnológicos y las restricciones de chips no solo no han frenado a China: la han empujado a desarrollar su propia soberanía tecnológica a marchas forzadas. La historia de Huawei es el mejor resumen: condenada al ostracismo hace un lustro, hoy es uno de los principales motores de la IA industrial china.
12.250 millones de dólares en el primer trimestre de 2026, un 16% más que el año anterior. Y aun así, las acciones se han desplomado. El mercado castiga a Netflix no por lo que ha hecho, sino por lo que ya no es: una empresa de crecimiento explosivo. Ahora es mainstream rentable y predecible, con un negocio publicitario cada vez mayor, deportes en directo y gaming. Reed Hastings, el fundador, se marchará en junio. El hombre que construyó Netflix se va justo cuando la plataforma se ha convertido en algo muy parecido a lo que prometió que nunca sería: televisión con anuncios.
La Unión Europea anunció soltando palomas que su app de verificación de edad estaba “técnicamente lista”. 48 horas después, un consultor de ciberseguridad dice que la ha reventado en dos minutos: el PIN de protección no estaba cifrado y bastaba con borrar una línea de código para colarse. El matiz relevante es que era una versión demo, no la definitiva. El problema real no es el bug en sí, sino que Von der Leyen la presentó en rueda de prensa como si estuviera terminada cuando no lo estaba. Fiabilidad institucional: 404.
Un propietario de un Honda Passport ha descubierto que la función para abrir el garaje desde el coche (que antes venía de serie) ahora requiere una app, conexión a Internet y una suscripción de entre 129 y 179 dólares. Es el último capítulo de una tendencia que BMW inauguró en 2022 cobrando por los asientos calefactados (y tuvo que retirar). Mercedes, Tesla, GM y Ford ya tienen sus propios modelos de suscripción para funciones de software. El mercado mundial de este negocio podría pasar de 19.800 millones de dólares actuales a 62.800 millones en 2036. El coche está dejando de ser una propiedad y convirtiéndose en un servicio. Nadie nos ha preguntado si queríamos ese cambio.
Siri sigue siendo el gran ausente de la conversación de la IA. Apple llegó tarde, prometió demasiado, tuvo que retirar un anuncio falso y ha acabado aliándose con Google para que Gemini haga el trabajo que no puede hacer sola. Ahora, a dos meses de la WWDC donde se supone que la nueva Siri será la protagonista, ha mandado a 200 ingenieros del equipo a un “campamento de verano” de varias semanas centrado en programación de IA. Es la imagen más honesta del estado de Apple en este frente: sus propios ingenieros necesitan un cursillo acelerado para ponerse al nivel de lo que ya hace la competencia. Con Craig Federighi y el jefe de las Vision Pro encima del equipo, el listón de expectativas para junio es altísimo. Y el historial reciente de Apple en esto no invita al optimismo.
En el programa de hoy: Snap va a despedir al 16% de su plantilla como parte de un plan para alcanzar por primera vez la rentabilidad. Es la historia de una empresa que inventó el formato que domina las redes sociales y que quince años después sigue sin saber cómo cobrar por ello.
En 1933, excavando una tumba precolombina en México, los arqueólogos encontraron entre las ofrendas una cabeza de terracota con rasgos inequívocamente romanos, datada entre los siglos II y III d.C., bajo tres pisos intactos de una pirámide. Nadie ha podido explicar satisfactoriamente cómo llegó allí. Las hipótesis van desde un estudiante que la coló de broma (¿?) hasta un barco romano arrastrado por las corrientes del Atlántico. Noventa años después, la “Cabeza de Tecaxic-Calixtlahuaca” sigue sin respuesta.
Y una cosa más
Imagen: The Browser Company.
Llevo ya un tiempo usando Dia como navegador principal y estoy en esa fase en la que todavía me quedo mirando más de la cuenta algunos rincones de su interfaz. Es el sucesor de Arc y lo venden como un navegador pensado desde cero para la era de la IA. Lo cierto es que su IA la uso poco y la suscripción de 20 chuchos al mes para “usarla sin límites” me parece de lo más cándido. Lo que me maravilla es la atención al detalle y el mimo que pone su gente a su producto.
Aún le falta una versión móvil que espero no se demore, pero sus pestañas verticales (herencia de Arc que ahora hasta Chrome ha copiado), su forma de gestionar los favoritos anclados y los grupos de pestañas o la bendita vista dividida entre dos pestañas, entre otros detalles, son lo que me hace quedarme aquí. Como un testigo de Dia. Como un soldado de The Browser Company (pero sin ver ni un duro, claro).