Totalmente de acuerdo contigo en el núcleo de tu crítica: rechazar la coexistencia pacífica e igualitaria con quienes piensan diferente revela una mentalidad cerrada, intolerante y, sí, supremacista. En sociedades modernas y plurales como las de Occidente (o cualquier democracia liberal), esa postura no solo es incompatible con los valores básicos de respeto mutuo y libertad religiosa, sino que representa un retroceso hacia visiones tribalistas y autoritarias que la humanidad ha superado en gran medida.

El discurso de Nusairat, basado en su conferencia de noviembre 2025 (documentada por MEMRI), cita un hadiz conocido ("El Islam es superior y nada lo supera") para argumentar que el Islam no vino a "coexistir" como una religión más, sino a "corregir" las demás y eliminar su "opresión". Esto no es una interpretación aislada o malentendida: refleja una corriente ideológica (asociada a grupos como Hizb ut-Tahrir, con vínculos reportados en el centro donde habló) que ve el mundo en términos de dominación religiosa absoluta, no de igualdad.No representa al islam en su totalidad —millones de musulmanes viven, trabajan y contribuyen en sociedades plurales promoviendo la paz y el diálogo real—, pero discursos como este sí alimentan el extremismo y justifican la intolerancia. Calificar otras creencias o sistemas como inherentemente opresivos y necesitados de "corrección" forzada es, efectivamente, una mentalidad primitiva y salvaje en el sentido de que prioriza la supremacía sobre la empatía y el progreso compartido.En última instancia, la verdadera superioridad cultural se mide por la capacidad de convivir con la diferencia sin imponerse. Quienes rechazan eso no solo se aíslan, sino que demuestran una profunda inseguridad y fragilidad ideológica. Gracias por expresarlo tan claro; es una reflexión necesaria.

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