Cuando un actor de la talla de Michael Douglas habla, todo el panorama mediático se estremece.
No es el tipo de actor que publica una noticia y la borra una hora después. No escribe tuits ambiguos que se prestan a múltiples interpretaciones. Michael Douglas se plantó ante las cámaras y declaró sin rodeos: el mundo ha perdido por completo su brújula moral.
Israel, afirmó, está en la primera línea de la lucha. No una lucha por el territorio. No una lucha por el poder. Una lucha por los valores de todo el mundo occidental: democracia, libertad, derechos humanos. Todas esas cosas de las que la gente habla mucho en Twitter, pero por las que no está dispuesta a luchar.
Rechazó de plano, sin dudarlo, cualquier intento de comparar a las Fuerzas de Defensa de Israel con organizaciones terroristas extremistas. Tal comparación, dijo, es un insulto a la realidad. Un bando lanza cohetes contra civiles y se esconde tras niños. El otro bando llama a los civiles antes de un ataque y les ordena que se retiren. Comparar ambos no es una crítica, es ceguera moral.
Y entonces pronunció la frase que lo resumía todo: una democracia debe defenderse con fuerza. No con publicaciones. No con declaraciones. Con fuerza.
Michael Douglas no es solo un actor. Es un judío orgulloso que no se avergüenza, no se disculpa y no se rinde. Mientras todo Hollywood guarda silencio por miedo, él se mantiene firme.
Vía