Sandra Mozarowsky nació el 18 de octubre de 1958 en Tandil, Argentina, hija de un empresario textil argentino y una modelo sueca. Efectivamente, hoy, 18 de octubre de 2025, cumpliría 67 años. Su vida, sin embargo, se truncó de forma trágica y envuelta en misterio el 14 de septiembre de 1977, cuando, con solo 18 años, cayó desde el balcón de su apartamento en el número 4 de la calle Velázquez, en el barrio de Salamanca de Madrid. Estaba embarazada de cinco meses, según las autopsias y reportes médicos de la época.
El caso de Sandra ha sido calificado como uno de los "true crimes" más impactantes de la historia reciente de España, precisamente por su conexión con Juan Carlos I, entonces príncipe de Asturias y figura central en la incipiente democracia postfranquista. Según rumores persistentes y testimonios posteriores, Mozarowsky mantenía una relación sentimental con él desde que ella era adolescente —posiblemente menor de edad—, en un contexto de supuestas infidelidades del príncipe que incluían fiestas y encuentros con actrices y modelos. El rey emérito siempre lo ha negado categóricamente, atribuyendo su muerte a un accidente o suicidio, pero el timing —apenas un año antes de la aprobación de la Constitución de 1978— ha alimentado teorías de encubrimiento para proteger la imagen de la monarquía durante la Transición.El contexto de la "modélica" TransiciónLa muerte de Sandra ocurrió en un momento delicado: España salía del franquismo, y la monarquía jugaba un rol pivotal en la estabilización democrática. Juan Carlos, coronado en 1975 tras la muerte de Franco, era visto como el garante de la reforma. Cualquier escándalo sexual o peor —asesinato, aborto forzado o suicidio inducido— podía desestabilizarlo todo. La investigación oficial fue rápida y superficial: la policía archivó el caso como "accidente", pese a inconsistencias como la ausencia de testigos directos, la altura del balcón (unos 10 metros) y el estado de embarazo avanzado que hacía improbable un suicidio voluntario. No se practicó una reconstrucción ni se interrogó exhaustivamente a su entorno.Décadas después, el caso resurgió con fuerza gracias a libros como El silencio de la reina de Jaime Peñafiel (2014) y documentales recientes, que lo vinculan a otros episodios oscuros de Juan Carlos, como sus affaires con Corinna zu Sayn-Wittgenstein o sus deudas offshore. En 2024, con el rey emérito exiliado en Abu Dabi por corrupción, el misterio de Sandra se ha revitalizado en medios y redes, cuestionando la narrativa oficial de una Transición "impecable" que, para muchos, ocultó abusos de poder bajo el manto de la reconciliación.Aunque nunca ha habido pruebas concluyentes de implicación directa de Juan Carlos —y él lo califica de "calumnia"—, el caso simboliza las sombras de esa época: el machismo, el clasismo y la impunidad de las élites. Sandra, actriz emergente con papeles en películas como El loveo (1969) o La regenta (1973), representaba un futuro brillante interrumpido brutalmente. Hoy, su recuerdo sirve para reclamar justicia histórica en una España que, afortunadamente, ya no calla estos temas.