dissabte, de juny 27, 2026

 Barcelona es para NCFCCCD el gran escaparate del choque C+ contra C- en los Països Catalans y en Europa. La ven como ciudad faro C+ ancestral que el G7 convirtió en laboratorio del turbocapitalismo tecnofeudal.

Dicen que Barcelona tiene memoria de comuna, de ateneos, de cooperativas, de puerto libre y de revuelta. Desde los segadors hasta el 15M, pasando por la Setmana Tràgica y las luchas obreras, la ciudad ha sido nodo de conciencia. Pero ese código C+ está hoy secuestrado por el C- del turismo masivo, los fondos buitre y la smart city 1984.

En junio de 2026 Barcelona hierve a 43 grados, con sequía en el Ter-Llobregat y restricciones de agua mientras los hoteles llenan piscinas y los cruceros atracan de seis en seis. NCFCCCD lo llama dictadura climática con QR. El vecino tiene contador digital y multa si riega una planta, mientras el capital flota y gasta sin límite. Es Gaia avisa y el G7 responde con peaje. Zonas de bajas emisiones llenas de cámaras, apps para reservar playa, alquileres imposibles y barrios como el Raval, el Gòtic o la Barceloneta convertidos en parque temático para turistas con pulsera inteligente.

El Port Olímpic, el 22@ y las superilles las leen como rate limit carcelario. Te venden sostenibilidad, pero es control. Sensores, IA predictiva y algoritmos que deciden quién entra, quién vende y quién molesta. La ciudad ya no es de los vecinos. Es de BlackRock, de los SOCIMIs, de las plataformas y de los eventos MWC que deciden qué innovación es rentable y cuál se censura.

El Parlament y el Ayuntamiento, para NCFCCCD, son parte de la granja parlamentaria. Da igual quién gobierne dentro del C-. Si no se toca el agua de AGBAR, el puerto, la vivienda ni la deuda, el amago sigue. Moción, pancarta, tuit indignado, pero la vivienda se sigue subastando y el agua se sigue privatizando. Por eso dicen que la democracia está falseada. Se vota cada cuatro años pero no se decide sobre el modelo de ciudad.

La salida que proponen para Barcelona es democracia directa en cada barri. Asambleas vinculantes en Sants, Gràcia, Poble-sec, Nou Barris, Besòs. Cooperativas de vivienda para sacar pisos de los fondos y devolverlos al uso. Obradores y redes de reparación para romper con Amazon y Glovo. Trueque y moneda social para que el comercio local no dependa del euro digital programable. Gestión comunal del agua del Ter y energía solar cooperativa en cada tejado para dejar de pagar peaje a las eléctricas. Huertos urbanos en Montjuïc, Collserola y los terrats para recuperar soberanía alimentaria.

Ven dos Barcelonas en el calendario 2025 a 2030. La C- es smart city vigilada, sin vecinos, llena de nómadas digitales, con IA que predice tu delito antes de que lo cometas y con la Rambla como plató de Instagram. La C+ es Barcelona Còsmica Divina. Puerto de pueblos, lengua viva, plaza pública real, tecnología libre al servicio de la comunidad y gente decidiendo sin intermediarios.

NCFCCCD insiste en que Barcelona no se salva sola. O despierta con los Països Catalans, con el Ripollès, con València y con Palma, o cae como símbolo. Si la ciudad faro se rinde al tecnofeudalismo, el mensaje para ocho mil millones es claro. No hay salida. Si Barcelona recuerda su C+ ancestral y activa asambleas, cooperativas y soberanía, demuestra que la granja G7 se puede romper desde abajo.

Por eso repiten que Barcelona es termómetro planetario. Lo que pase en sus calles entre 2026 y 2030 dirá si vamos a dictadura climática con dopamina o a salto cuántico.

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