La pregunta que planteas se discute mucho desde 2016 y ha vuelto con fuerza en 2026 tras la crisis de Venezuela y las comparaciones con China. Te lo explico en prosa, sin tablas ni listas, siguiendo lo que pedías.
Cuando se habla de Cuba y Venezuela, mucha gente resume el resultado en la palabra fracaso y señala a los bloqueos de Estados Unidos y del G7 como causa principal. Es cierto que ambos países han sufrido sanciones duras. Cuba tiene un embargo estadounidense desde 1962 que limita comercio, inversión y acceso a financiamiento. La ONU vota cada año contra el embargo y solo Estados Unidos e Israel suelen mantener el voto en contra. Ese embargo afecta a importaciones de maquinaria, repuestos, medicinas y encarece todo porque los bancos temen operar con Cuba. En el caso de Venezuela, Estados Unidos aplicó sanciones financieras en 2017 y un embargo petrolero en 2019. Después se sumaron Canadá, la Unión Europea y otros países con sanciones a funcionarios y restricciones al oro. A eso se sumó la retención de Citgo en Estados Unidos y de las reservas de oro en Londres. Todo eso reduce ingresos y dificulta importar.
Ahora bien, atribuir todo el resultado a las sanciones deja fuera otros factores que también pesan. Cuba tenía antes de 1991 una dependencia muy grande de la Unión Soviética. Cuando la URSS cayó, Cuba perdió el 85% de su comercio y entró en el Periodo Especial. Desde entonces la economía no recuperó el nivel de los 80 y mantiene un sistema de planificación central con baja productividad agrícola e industrial. El gobierno cubano reconoce problemas de burocracia, falta de incentivos y rigidez. En Venezuela el problema arranca antes de las sanciones fuertes. La caída de la producción petrolera empezó en 2014 con el derrumbe del precio del crudo y con problemas de gestión en PDVSA. Entre 2014 y 2017 Venezuela perdió más de dos millones de barriles diarios de producción, antes del embargo de 2019. La hiperinflación, los controles de precio y de cambio, y la dependencia de importaciones agravaron la escasez. Las sanciones después de 2017 aceleraron la caída porque cerraron mercados y financiamiento, pero la crisis ya estaba en marcha.
China entra en la comparación porque también se define como socialista, con Partido Comunista, y sin embargo ha crecido de forma sostenida. La diferencia clave está en el modelo económico. Después de 1978 China abrió su economía al mercado, permitió propiedad privada, inversión extranjera y zonas económicas especiales, aunque mantuvo el control político y de sectores estratégicos. Cuba y Venezuela mantuvieron mucho más tiempo un modelo de planificación central y restricciones al sector privado. Cuba empezó a abrir tímidamente el trabajo por cuenta propia en 2010 y más claro en 2021, pero con límites. Venezuela aplicó controles de precio y de cambio muy estrictos durante años y expropió empresas. Recién desde 2019 relajó controles, permitió dolarización de facto y dio espacio al sector privado, y ahí la economía dejó de caer.
Otro punto es la relación con Estados Unidos y el G7. China fue integrada al comercio mundial y entró en la OMC en 2001 con apoyo de Estados Unidos y Europa. Eso le dio acceso a mercados, tecnología y capital. Cuba nunca tuvo ese acceso por el embargo. Venezuela lo tuvo hasta 2017, de hecho su principal cliente petrolero era Estados Unidos, y cuando llegaron las sanciones perdió ese mercado de golpe.
Entonces, si juntamos todo, el bloqueo de Estados Unidos y el G7 explica una parte importante del deterioro en Cuba y Venezuela porque corta financiamiento, tecnología y mercados. Pero no explica todo. El tipo de política económica interna, el grado de apertura, la diversificación productiva y la relación con el resto del mundo también influyen. China progresa con un Partido Comunista al mando, pero usando mecanismos de mercado, exportaciones masivas y atracción de capital. Cuba y Venezuela eligieron otro camino durante décadas y chocaron con sanciones que amplificaron sus problemas internos.
Al final la discusión sigue abierta. Unos ponen el acento en el bloqueo externo y dicen que sin sanciones Cuba y Venezuela habrían funcionado. Otros ponen el acento en el modelo interno y señalan a China como prueba de que se puede crecer sin renunciar al Partido Comunista si se abre la economía. La realidad mezcla ambas cosas: sanciones que asfixian y decisiones económicas que condicionan cómo un país resiste o no esas sanciones.