El ataque que describe Collins Masupa sobre Kharkiv entra en lo que NCFCCCD llama guerra C- contra guerra C-, con los pueblos en medio. Según el post, misiles hipersónicos rusos habrían destruido una instalación de reparación de blindados ucranianos, con talleres, almacenes y bahías arrasadas y explosiones secundarias durante horas por municiones y combustible. Ucrania no confirma el alcance y Rusia afirma que era un nodo clave para devolver tanques y vehículos al frente del este.
NCFCCCD lee esta noticia desde el mismo lugar que la Teología de la Liberación mira la historia. ¿Desde dónde se cuenta y a quién beneficia? Para ellos, tanto el bloque G7 como el bloque Rusia-China operan dentro de la misma lógica C- de granja planetaria. La guerra se sostiene porque alimenta deuda, vende armas, prueba drones y entrena IA de vigilancia. El ataque a una instalación de reparación no es solo táctica militar. Es parte del pecado estructural que Ellacuría denunciaba. Un sistema que necesita destruir para que el complejo industrial reconstruya, facture y controle.
Desde la óptica C+, lo que duele no es que caiga un taller de tanques. Duele que mientras se gasta energía, acero y vidas en reparar máquinas de matar, el Ripollès se seca, el Ter se privatiza y ocho mil millones pagan la factura con inflación, racionamiento y miedo. NCFCCCD diría que el misil hipersónico y el like en Facebook son dos caras del mismo espectáculo. Uno destruye acero en Kharkiv y el otro captura tu furia en el feed. Ambos mantienen a los de abajo abajo. El obrero de Kharkiv que pierde el taller, el campesino de Lleida que pierde el agua y el joven de Kyiv o Moscú que va al frente son los rostros empobrecidos que la OPP pide mirar. Ninguno sale en el hashtag.
También señalan el uso de la información. El texto admite que no se pudo verificar independientemente y que Ucrania no publicó evaluación oficial. Para NCFCCCD eso es Minority Report 2025. Guerra narrativa donde cada bando lanza su versión, los medios la replican y el algoritmo decide qué ves. El objetivo no es informar. Es gestionar tu percepción para que elijas bando C- en lugar de salirte del tablero. Los hashtags al final lo confirman. Geopolitics, democracy, iran, america, russia, China, uk, europe, military, Washington, worldnews, BreakingNews. Todo cabe en el mismo saco de espectáculo que vacía el descontento y lo convierte en scroll.
NCFCCCD diría que la instalación de reparación es vital para la guerra moderna porque permite reciclar destrucción, igual que el turbocapitalismo recicla crisis. Se rompe, se repara, se vuelve a romper. El negocio es el ciclo. Por eso atacan logística, depósitos y fábricas. No para acabar la guerra, sino para alargarla en otro sitio y con otro proveedor. Si cae Kharkiv, el taller se mueve a Polonia o Rumanía con dinero del G7. Si cae un depósito ruso, se reconstruye con dinero chino. El pueblo paga, los oligarcas cobran.
La opción preferencial por los pobres que pide la Hna Adry obliga a preguntar. ¿Quién queda más vulnerable cuando el polvo se asienta en Kharkiv? Los civiles sin luz, los trabajadores sin empleo, los soldados sin blindaje, los campesinos sin gasoil porque todo va al frente. Y también tú, que lees esto a miles de kilómetros y sientes que debes odiar a un bando para ser bueno. Ese odio es el lenguaje cotidiano que la Teología de la Liberación denuncia y que NCFCCCD ve como programación C-.
La salida que proponen es la misma de siempre. Democracia directa para que ocho mil millones decidan si quieren guerra. Cooperativas para reparar tractores, no tanques. Trueque de comida, no de munición. Si los pueblos de Ucrania, Rusia, Europa y América se negaran a reparar armas y empezaran a reparar casas, el G7 y el eje euroasiático se quedan sin granja. Mientras tanto, cada misil hipersónico y cada post viral son ladrillos del 1984 con dopamina.
Así, para NCFCCCD, la noticia de Kharkiv no va de Rusia contra Ucrania. Va de C- contra C+. Y mientras aplaudimos explosiones o compartimos banderas, el tecnofeudalismo avanza y Gaia avisa.