diumenge, de juny 28, 2026

El hallazgo más aterrador de la historia de la psicología no ocurrió en un manicomio, sino en las celdas de los juicios de Núremberg en 1945. Tras la caída del Tercer Reich, el psiquiatra Douglas Kelley y el psicólogo Gustave Gilbert recibieron una misión única: examinar las mentes de los líderes nazis sobrevivientes, como Hermann Göring y Rudolf Hess. El mundo entero esperaba una respuesta reconfortante. Todos querían que los exámenes médicos demostraran que estos hombres eran monstruos deformes, sádicos con anomalías cerebrales o locos de remate con graves delirios clínicos. La ciencia médica iba a trazar la frontera definitiva entre ellos y nosotros.Pero lo que descubrieron dejó a los científicos paralizados del miedo. Los exámenes de coeficiente intelectual revelaron que los acusados no solo estaban cuerdos, sino que eran brillantemente inteligentes. El promedio grupal fue de 128 puntos, una cifra muy por encima de la media mundial. El genio financiero Hjalmar Schacht obtuvo un asombroso 143, y el carismático Göring un imponente 138. Eran hombres cultos, capaces de apreciar la literatura, la ópera y la ciencia moderna.El verdadero golpe llegó con el misterioso Test de Rorschach. Al analizar las respuestas que dieron los líderes nazis ante las famosas manchas de tinta, y tras análisis a ciegas donde se mezclaron sus resultados con los de ciudadanos comunes, los psicólogos descubrieron algo perturbador: era imposible detectar una personalidad nazi. No había un gen del mal ni un patrón psiquiátrico que los diferenciara de cualquier ejecutivo o vecino común. Eran personas legalmente cuerdas, padres de familia afectuosos y ciudadanos perfectamente adaptados a su entorno social.Gilbert concluyó que se trataba de psicópatas morales capaces de anular la empatía mediante el fanatismo. Kelley fue más allá con una advertencia que hoy resuena con fuerza: estos hombres no eran una anomalía, sino un producto de su época. El horror de Núremberg no fue hallar monstruos, sino demostrar que seres normales, bajo manipulación de masas, son capaces de cometer atrocidades sin pestañear

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