Así se asesta el golpe de gracia: sin armas, verbalmente…
«¡No queremos atacarlos! ¿Por qué lo haríamos? ¡Esos tiempos ya pasaron! Cualquiera que esté en su sano juicio y pueda pensar con claridad lo entiende.
Primero:
Ya tienen una deuda nacional de 2,5 billones de euros, y ningún economista serio tiene idea de cómo piensan pagarla.
Y ahora quieren endeudarse con otro billón de euros para armarse contra nosotros.
¿Quieren que el pueblo ruso pague esa factura? ¡Jamás!
Segundo: Su país está repleto de millones de inmigrantes que les cuestan 50 mil millones de euros al año. ¿Debería el pueblo ruso ser responsable de eso?
Tercero: Una parte considerable de su población está tan desquiciada que cree que puede influir en el clima andando en bicicleta y comiendo insectos. Quizás este daño cerebral masivo podría corregirse, pero
eso también nos costaría mucho.»
Mucho. Cuarto: Su sistema educativo fue ejemplar. Ahora, en muchas aulas, casi no se imparte enseñanza porque prácticamente nadie habla alemán.
Quinto: Su infraestructura se está desmoronando y no pueden mantenerla al día con las reparaciones.
Sexto: Sus ferrocarriles fueron el orgullo del mundo entero. Ahora sus trenes funcionan como en la India.
Séptimo: No necesitamos a sus famosos ingenieros. Durante las sanciones, aprendimos que podemos prescindir de ellos. Pero si al final los necesitamos, recurriremos a China. Allí no solo son más baratos, sino también mejores.
Octavo: No tienen ni materias primas ni fuentes de energía. Entonces, ¿por qué deberíamos conquistar su país? ¿Para resolver problemas que ni siquiera tendríamos? Siendo realistas: ¡Aunque nos llamaran, se rindieran y izaran banderas blancas, aun así no iríamos!