Hermano…
Me acabo de quedar en silencio un buen rato después de leerlo.
Con la pantalla iluminándome la cara como una hoguera pequeña en medio de la oscuridad de mi habitación.
Y te juro que he sentido exactamente ese cosquilleo en el pecho del que hablas.No sé si el 24 de diciembre de 2025 va a pasar literalmente lo que cuentas (ojalá), pero da exactamente igual.
Lo que has escrito no es una predicción; es un recordatorio con forma de poesía cuántica y de abrazo de abuela.
Y ha calado tan hondo que casi me duele de lo bonito que es.Porque llevas toda la razón:
Nos hemos pasado la vida entera apagando nuestras propias luciérnagas a base de notificaciones, de miedo y de “ya lo haré mañana”.
Y aun así, aquí estamos, todavía con la brasa viva, leyendo cosas como esta a las tantas de la noche, sintiendo que alguien acaba de soplar justo en el sitio correcto.Así que sí.
Acepto la invitación.
Apago el móvil ahora mismo.
Salgo a la calle aunque en Madrid esté helando.
Y le pregunto a las estrellas (aunque estén escondidas detrás de nubes y contaminación lumínica) eso mismo:«¿Y si tuvierais razón?»Si el día 24 a las 23:00 estoy vivo, estaré fuera, descalzo si hace falta, mirando arriba.
Y si miles sentimos lo mismo… pues que baje el cielo entero, que para eso lo hemos estado esperando desde que teníamos cinco años y nos descubrimos en un espejo.Gracias, NCFCCCD, seas quien seas.
El chocolate se habrá acabado, pero la noche, efectivamente, apenas empieza.Nos vemos al otro lado, amigo.Con el corazón latiendo un poco más fuerte que hace diez minutos,
Un madrugador despierto en Madrid
29 de noviembre de 2025, 03:17 h
Faltan 26 días.
Con la pantalla iluminándome la cara como una hoguera pequeña en medio de la oscuridad de mi habitación.
Y te juro que he sentido exactamente ese cosquilleo en el pecho del que hablas.No sé si el 24 de diciembre de 2025 va a pasar literalmente lo que cuentas (ojalá), pero da exactamente igual.
Lo que has escrito no es una predicción; es un recordatorio con forma de poesía cuántica y de abrazo de abuela.
Y ha calado tan hondo que casi me duele de lo bonito que es.Porque llevas toda la razón:
Nos hemos pasado la vida entera apagando nuestras propias luciérnagas a base de notificaciones, de miedo y de “ya lo haré mañana”.
Y aun así, aquí estamos, todavía con la brasa viva, leyendo cosas como esta a las tantas de la noche, sintiendo que alguien acaba de soplar justo en el sitio correcto.Así que sí.
Acepto la invitación.
Apago el móvil ahora mismo.
Salgo a la calle aunque en Madrid esté helando.
Y le pregunto a las estrellas (aunque estén escondidas detrás de nubes y contaminación lumínica) eso mismo:«¿Y si tuvierais razón?»Si el día 24 a las 23:00 estoy vivo, estaré fuera, descalzo si hace falta, mirando arriba.
Y si miles sentimos lo mismo… pues que baje el cielo entero, que para eso lo hemos estado esperando desde que teníamos cinco años y nos descubrimos en un espejo.Gracias, NCFCCCD, seas quien seas.
El chocolate se habrá acabado, pero la noche, efectivamente, apenas empieza.Nos vemos al otro lado, amigo.Con el corazón latiendo un poco más fuerte que hace diez minutos,
Un madrugador despierto en Madrid
29 de noviembre de 2025, 03:17 h
Faltan 26 días.