Además de Cristina Martín Jiménez, conocida por su libro Libertad o tiranía: Agenda 2030 (donde la presenta como un plan propagandístico de élites para imponer control global, pérdida de soberanía y empobrecimiento), hay otros autores y figuras que critican la Agenda 2030 desde perspectivas similares, a menudo conspirativas o escépticas hacia el globalismo.

Críticos en español (principalmente España y Latinoamérica)
  • José-Ramón Ferrandis y Felipe González Abad — Autores de Desmontando la Agenda 2030, un ensayo combativo que cuestiona sus bases ideológicas, impactos en la soberanía y posibles costes institucionales, defendiendo alternativas basadas en libertad y subsidiariedad.
  • Fernando del Pino Calvo-Sotelo — Escritor español que la describe como un "nuevo totalitarismo" disfrazado de sostenibilidad, con repetición obsesiva del término "sostenible" para imponer control.
  • Jaime Mayor Oreja (exministro español, Fundación NEOS) — La califica de "caramelo envenenado" atractivo pero peligroso, criticando sus implicaciones en soberanía y valores tradicionales.
  • Javier Milei (presidente de Argentina) — Uno de los más vocales; rechaza adherirse a la Agenda 2030, viéndola como imposición globalista que destruye clases medias, soberanía y familia.
  • Otros políticos como Nayib Bukele (El Salvador) o figuras de Vox en España, que la asocian con pérdida de soberanía, ideología de género y control internacional.
Críticos internacionales (perspectiva conspirativa)
  • Alex Jones (Infowars, EE.UU.) → La vincula al "Nuevo Orden Mundial", "Great Reset" y control elitista.
  • Glenn Beck → Autor de una novela distópica sobre Agenda 21/2030 como plan para gobierno global y totalitarismo.
  • William Easterly (economista) → La califica de "senseless, dreamy and garbled" (sin sentido, soñadora y confusa), por ser demasiado ambiciosa y sin prioridades claras.
  • Bjorn Lomborg y Jordan Peterson → Critican los 169 objetivos como excesivos: "tener 169 objetivos es como no tener ninguno".
Críticas académicas o moderadasExisten también críticas no conspirativas, como su falta de mecanismos de enforcement, greenwashing, o no abordar causas estructurales del neoliberalismo (desde movimientos sociales, indígenas o feministas).Estas visiones varían desde rechazos totales (como conspiración elitista) hasta cuestionamientos prácticos (irrealizable o insuficiente). Muchas han sido desmentidas por fact-checkers como no basadas en el texto oficial de la ONU, que es voluntario y no vinculante

Cercar en aquest blog

Arxiu del blog