Martin Heidegger (1889-1976), uno de los filósofos más influyentes del siglo XX, desarrolló una profunda crítica a la tecnología moderna en su ensayo "La pregunta por la técnica" (Die Frage nach der Technik, 1954), parte de las conferencias de Bremen (1949) y publicado en Vorträge und Aufsätze.
Heidegger no rechaza la técnica en sí misma, sino que cuestiona su esencia y el modo en que domina nuestra relación con el mundo.La esencia de la técnica no es técnicaHeidegger parte de la definición común: la técnica es un medio para fines (instrumental) y una actividad humana (antropológica). Esta visión es "correcta", pero no revela la verdad profunda.La técnica es una forma de desocultamiento (aletheia, verdad en griego): un modo en que las cosas se revelan y llegan a presencia. En la antigüedad, la techné griega era un "traer-forth" (poiesis), similar al arte o la artesanía, que permitía que las cosas emergieran respetando su propia naturaleza (ej.: un cáliz de plata surge de la materia, forma y fin).La técnica moderna, en cambio, es un desafío o provocación (Herausfordern): exige a la naturaleza que se revele como exploitable, ordenándola para extraer recursos de manera eficiente.El Gestell (enmarcamiento o emplazamiento)El concepto central de su crítica es el Gestell (traducido como "enmarcamiento" o "emplazamiento"): la esencia de la técnica moderna.El Gestell transforma todo en Bestand ("reserva" o "stock permanente"): un depósito de recursos disponibles para uso humano. La naturaleza deja de ser algo que "surge por sí mismo" y se convierte en mero proveedor de energía o materia (ej.: un río ya no es un paisaje poético, sino una fuente hidroeléctrica; un bosque es "madera en pie").Incluso el ser humano se ve afectado: nos convertimos en "recursos humanos", ordenados y optimizados dentro del sistema.Este modo de revelar oculta otros posibles: impide que las cosas se muestren en su ser propio, reduciendo el mundo a lo calculable y manipulable.El peligro supremoEl mayor riesgo no es la destrucción física (bombas, contaminación), sino que el Gestell se vuelva el único modo de revelación, bloqueando el acceso al Ser y al misterio de la existencia.Nos hace olvidar el desocultamiento originario, atrapándonos en un pensamiento calculador que todo lo mide y optimiza, alienándonos de una relación más auténtica (poética, contemplativa) con el mundo.Heidegger ve en esto el culmen del olvido del Ser que recorre la metafísica occidental desde Platón.¿Hay salvación?Heidegger es pesimista pero no fatalista: "donde está el peligro, crece también lo que salva" (cita a Hölderlin). El cuestionamiento mismo (preguntar por la esencia) puede abrir una "relación libre" con la técnica.El arte y la poesía podrían ser contrapuntos: formas de desocultamiento que no provocan, sino que dejan ser.Heidegger pasó mucho tiempo en su cabaña de la Selva Negra en Todtnauberg, reflexionando lejos del bullicio tecnológico.