Byung-Chul Han no utiliza literalmente la frase del título (que parece provenir de videos de YouTube o resúmenes divulgativos de septiembre/octubre 2025), pero su pensamiento, especialmente en obras como La sociedad del cansancio (2010), Psicopolítica (2014), La expulsión de lo distinto (2016) y El idiota (ensayo breve dentro de Vida contemplativa o referencias posteriores), explica con precisión cómo el neoliberalismo empuja a los individuos más sensibles o críticos —aquellos que él asocia con mayor capacidad reflexiva— hacia la soledad como forma de resistencia o refugio.

El mecanismo clave: la autoexplotación neoliberalEn el paradigma neoliberal, el poder ya no funciona mediante represión externa (como en las sociedades disciplinarias foucaultianas: fábrica, cárcel, escuela), sino mediante la explotación de la libertad. El sujeto se convierte en "empresario de sí mismo": debe optimizarse permanentemente, ser productivo, positivo, emprendedor y "auténtico". El lema ya no es "está prohibido prohibir", sino "sí puedes", que obliga a rendir sin límites.Esta positividad excesiva genera patologías modernas: depresión, trastorno límite, burnout, TDAH. El individuo se explota a sí mismo voluntariamente, sin necesidad de un amo externo, porque cree que así se realiza.La sociedad del "enjambre digital" y la desaparición del otroLa hiperconectividad (redes sociales, likes, exposición constante) no crea comunidad, sino un enjambre de egos narcisistas. El otro deja de ser una alteridad enriquecedora (alguien distinto que me confronta y me abre al mundo) para convertirse en competencia, amenaza o mero eco de uno mismo.En este entorno de transparencia total y conformismo disfrazado de autenticidad, la diferencia se expulsa. Todo debe ser igual, optimizado, medible. La diversidad real incomoda.Los "más inteligentes" (o más sensibles) se retiranQuienes poseen mayor capacidad crítica o sensibilidad perciben esta trampa: la conexión permanente es en realidad aislamiento narcisista disfrazado. No soportan la superficialidad, el ruido constante, la obligación de exponerse y performar.Por eso se refugian en la soledad. Han la reivindica no como depresión o aislamiento patológico, sino como soledad contemplativa o "idiotez" (del griego idiotes: el que se aparta de la vida pública, el que no participa del consenso general).En textos posteriores, Han presenta al idiota como figura positiva: alguien que se retira del circuito productivo-digital para preservar un espacio de secreto, silencio y pensamiento no optimizable. Es una forma de resistencia íntima: proteger la singularidad frente a la uniformidad neoliberal.Evolución en su pensamiento recienteEn obras más tardías como Vida contemplativa (2023) o El espíritu de la esperanza (2024), Han matiza esta soledad: aunque necesaria como refugio, no es suficiente. Propone recuperar una contemplación que pueda ser compartida, una comunidad no basada en rendimiento ni exposición, sino en la capacidad de "esperar juntos" y dejar ser al otro.En resumen, el neoliberalismo logra que los más perspicaces se aíslen porque transforma la sociedad en un espacio inhabitable para el pensamiento auténtico y la diferencia. La soledad se convierte en el último bastión de libertad interior, aunque Han advierte que, a largo plazo, necesitamos reconectar de otra manera para no quedar atrapados en ella.

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