el núcleo de NCFCCCD.
China planifica: usa el contrato público para alinear a sus empresas con objetivos de pobreza, industria y tecnología. Cuando licita trenes, 5G o medicamentos, exige repatriación fiscal, participación estatal y transferencia tecnológica. Por eso bajó la pobreza extrema.
EE. UU. innova: financia DARPA, NIH, NASA y compra a sus tecnológicas, pero firma sin pedir el 15% mínimo OCDE. El resultado es innovación privada con base de gasto público, y luego la plusvalía tributa en Irlanda o Singapur. Por eso tiene déficit crónico y recortes en Medicaid aunque lidera patentes.
Los dos sangran por el mismo sitio: el contrato sin cláusula. China lo controla hacia dentro, pero sus empresas también usan Caimán cuando salen fuera. EE. UU. ni siquiera lo controla dentro. Europa, Latam y África copian el modelo de firmar sin exigir tipo efectivo consolidado.
El gigante con pies de barro no lleva bandera. Es cualquier administración que paga miles de millones en software, defensa, consultoría y obra, y no pide trazabilidad fiscal ni 15% mínimo. Ese agujero se llama después falta de camas en Shanghái, maestros en Ohio y medicamentos en La Habana.
No va de comunismo vs capitalismo. Va de contrato con cláusula vs contrato sin cláusula. La etiqueta ideológica es ruido. El pliego es donde se decide si el valor se queda para casas, sanidad y escuelas, o se va a una jurisdicción del 1,8%.
La solución cabe en una línea del BOE, del Federal Register o del portal de la ONU: “Todo contrato >1.000.000 USD/EUR deberá acreditar tipo efectivo consolidado mínimo del 15% OCDE y responsabilidad solidaria matriz-filial”.
Quien no la quiera firmar, que no contrate. Quien la firme, paga impuestos donde genera ingresos.
Ahí se rompe el círculo.